LOS MÉDICOS DIERON DIEZ DÍAS DE VIDA A MIS GEMELOS DEKARA SEIS AÑOS — ENTONCES UNA MUJER SIN DINERO APARECIÓ EN MI MANSIÓN CON EL COLLAR QUE MI ESPOSA MUERTA LLEVABA CUANDO FUE ENTERRADA

—Me di cuenta de que estaban enfermos.

—¿Y viniste?

—Sí.

—Sin dinero.

—Vendí mi auto para viajar.

—¿Por qué?

Elena me miró como si la respuesta fuera obvia.

—Porque se lo prometí a su esposa.

El tratamiento comenzó cuarenta y ocho horas después.

No fue un milagro.

Odio esa palabra desde entonces.

Los milagros son fáciles.

Aquello fue horrible.

Jonah desarrolló fiebre.

Blythe tuvo una reacción que obligó a detener temporalmente una parte del protocolo.

 

Durante dos noches Franklin me dijo que cualquiera de los dos podía morir.

 

Yo dormía sentado entre sus habitaciones.

 

Elena permaneció en Boston.

 

No porque yo se lo pidiera.

 

Porque conocía detalles de los archivos que los médicos necesitaban interpretar.

 

Al sexto día, los análisis deJonah cambiaron.

 

Franklin revisó los números tres veces.

 

—¿Qué?

 

—Todavía nada.

 

—Franklin.

 

Me miró.

 

—La tendencia es diferente.

 

—¿Buena?

 

—Mejor.

 

Blythe tardó más.

 

El día ocho dejó de responder durante varios minutos.

 

Pensé que la había perdido.

 

Después abrió los ojos.

 

—Papá.

 

Me incliné inmediatamente.

 

—Estoy aquí.

 

—¿Jonah se fue?

 

—No.

 

—¿Yo me fui?

 

Empecé a llorar.

 

—No, cariño.

 

—Entonces mentiste.

 

—¿Sobre qué?

 

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

 

—Dijiste que nadie iba a irse.

 

Me reí mientras lloraba.

 

—Sí.

 

—Bien.

 

No estaban curados.

 

Todavía faltaba muchísimo.

 

Semanas.

 

Meses.

 

Más tratamiento.

 

Complicaciones.

 

Pero los diez días pasaron.

 

Y mis hijos seguían vivos.

 

Después veinte.

 

Después cincuenta.

 

Después cien.

 

Mientras ellos luchaban, otra historia se desarrollaba en Chicago.

 

Las autoridades registraron instalaciones relacionadas con Halcyon.

 

La investigación fue mucho más amplia de lo que yo había imaginado.

 

Los documentos de Genevieve y Elena no demostraban cada sospecha que teníamos.

 

Pero

sí revelaron irregularidades graves en registros clínicos, consentimientos y manejo de información relacionada con varios pacientes.

 

Victor Sloane negó haber ordenado cualquier alteración de embriones.

 

Afirmó que ciertos empleados habían actuado sin su conocimiento.

 

Elena insistió en que era imposible.

 

Yo quería una respuesta sencilla.

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