El dictamen de la justicia

El dictamen de la justicia

Mike se quedó completamente helado en el centro de la habitación, con la gorra apretada contra el pecho y el sudor frío cubriéndole la frente. Los tres guardias que lo acompañaban bajaron sus armas eléctricas de inmediato, mirando desconcertados a la mujer que yacía en la cama con el labio ensangrentado y la bata de hospital manchada. La Sra. Sterling, al ver que los oficiales no actuaban según sus órdenes, soltó una carcajada amarga y ajustó a Leo contra su abrigo de pieles, ajena a la gravedad del nombre que el jefe de seguridad acababa de pronunciar.

El silencio que siguió al eco de la sirena fue denso y sofocante, cargado de una tensión que amenazaba con hacer estallar la estancia. Traté de incorporar la espalda contra las almohadas, sintiendo cómo cada músculo de mi abdomen se desgarraba con un dolor ardiente que casi me hace perder el conocimiento. Sin embargo, mantuve la mirada fija en los ojos de Mike, el mismo oficial que tres meses atrás había testificado bajo juramento en mi tribunal durante el juicio por corrupción contra la red de tráfico de influencias más grande del estado.

—Jueza Vance… por favor, dígame qué está pasando aquí —articuló Mike con la voz entrecortada, dando un paso cauteloso hacia la cuna donde la pequeña Luna comenzaba a llorar desconsoladamente.

—¡¿Jueza?! —chilló la Sra. Sterling, mirando al oficial con absoluto desprecio mientras apretaba las mantas de mi hijo—. ¡Esta mujer es una muerta de hambre que vive a expensas de mi hijo! ¡Exijo que la inmovilicen de inmediato por pánico psicótico y me entreguen la custodia de este niño!

—Señora, le sugiero que ponga al bebé en su cuna y ponga las manos donde pueda verlas —ordenó Mike, recuperando la firmeza en su tono mientras la rodeaba estratégicamente con dos de sus hombres.

—¡No sabes con quién estás hablando, estúpido guardia de pacotilla! —rugió la anciana, retrocediendo hacia la gran ventana del balcón de la suite—. ¡Mi familia financia la mitad de este hospital! ¡Llamaré a mi hijo David ahora mismo para que te despida!

—Llámalo —dije con una voz helada que hizo que la Sra. Sterling se congelara en el acto—. Llama a tu hijo. Quiero que presencie exactamente cómo se desmorona el imperio de mentiras que construyeron a mi alrededor.

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