Me volví hacia Mauricio sin soltar la puerta.

Parte 2:
Me volví hacia Mauricio sin soltar la puerta.
Porque esta casa nunca fue el banco.
Patricia salió detrás de él. Por primera vez desde que lo conocía, no miraba a Mauricio ni a los niños: miraba directamente a la casa.
—Daniela —murmurado—. ¿Quién te ha dado esta propiedad?
“Mi padre lo compró hace 3 años a través de un fideicomiso privado.
La respuesta parecía golpear más fuerte que cualquier otro grito.
—Está totalmente pagado.
Mauricio perdió.
Estaba esperando a que Patricia les pidiera información sobre los documentos, el dinero, o por qué mi padre nunca les había dicho nada.
Pero ella no hizo ninguna de esas cosas.
Sus ojos se volvieron hacia las ventanas del sótano.
Este detalle me recordó una vez más a la máquina de coser de mi madre y al falso compartimento que mi padre había insistido en abrir si alguna vez la había encontrado herida.
Patricia dio un paso hacia la entrada, pero mantuve la puerta entre nosotros.
Luego dijo algo que cambió completamente lo que pensé que estaba buscando.
“Tu padre prometió que nadie lo volvería a abrir en este sótano”.

Parte 3 — El compartimento secreto

Patricia dio otro paso hacia la entrada.

Yo no me moví.

—¿Qué acabas de decir?

Ella tragó saliva.

Por primera vez desde que había entrado en mi casa, Patricia parecía tener miedo.

No miedo de mí.

Miedo de lo que había detrás de aquella puerta.

—Tu padre me hizo prometer que nadie volvería a abrir ese sótano —repitió.

Mauricio la miró desconcertado.

—Mamá, ¿de qué estás hablando?

Patricia no respondió.

Yo sentí que el corazón me golpeaba con fuerza contra las costillas.

—¿Conocías a mi padre?

Ella bajó la mirada.

—Mucho antes de conocerte a ti.

Mi madre apareció detrás de mí.

Tenía una mano apoyada en el hombro de Mateo y la otra sujetando a Sofía.

—Daniela, no.

Me giré.

—¿Tú también lo sabías?

Mi madre cerró los ojos.

Durante unos segundos nadie habló.

Entonces susurró:

—Tu padre me pidió que nunca te contara nada.

Aquella respuesta me dolió más que todo lo ocurrido esa tarde.

—¿Nunca?

Mi madre negó lentamente con la cabeza.

—No quería que cargaras con sus problemas.

Miré hacia el interior de la casa.

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