Presentamos primero el reporte interno correspondiente para proteger mi posición profesional.
Solo después Ximena notificó al abogado de Desarrollos Altavista.
A la mañana siguiente mi teléfono empezó a sonar.
Mi suegra Beatriz.
Ricardo.
Mi cuñado Mauricio.
Dos números desconocidos.
No respondí.
El sábado, a las diez y media, tocaron el timbre de casa de Daniela.
Arturo estaba afuera con traje.
Beatriz apretaba el bolso contra el pecho.
Mauricio permanecía detrás.
Ricardo ni siquiera podía mirarme.
Con ellos venía Salvador Cárdenas, el abogado que llevaba décadas resolviendo problemas para la familia.
No los invité a pasar.
—Mariana —dijo Arturo—, necesitamos hablar como familia.
—Esto dejó de ser un asunto familiar cuando alguien puso mi nombre en un documento que yo nunca firmé.
Salvador dio un paso al frente.
—El dictamen de un perito no convierte automáticamente una irregularidad documental en un delito. Además, el acceso que usted tuvo a información confidencial del banco podría generar cuestionamientos muy serios.
Ximena me había preparado exactamente para aquello.
—Mi reporte fue presentado por el canal interno antes de que ustedes recibieran la notificación. Está fechado y registrado. Así que si vinieron a amenazarme con mi propio trabajo, llegaron tarde.
El abogado se quedó inmóvil.
Beatriz comenzó a llorar.
—Mariana, por favor. Arturo levantó esta empresa durante cuarenta años. Puedes destruirlo todo.
—Yo no puse una firma falsa en ningún documento.
Entonces Mauricio dio un paso al frente.
—Papá, yo quiero ver el expediente completo.
Arturo volteó furioso.
—No te metas.
—Claro que me voy a meter. Si usaron la firma de Mariana, quiero saber si también han usado la mía.
El rostro de Arturo cambió.
Fue apenas un segundo.
Pero todos lo vimos.
Mauricio también.
Y en ese momento comprendimos algo aterrador:
tal vez mi firma no era la única.
Arturo me miró fijamente.
—¿Qué quieres?
Yo llevaba cuatro días preparándome para esa pregunta.
Respiré hondo.
Y empecé a decirle exactamente qué tendría que hacer para evitar que aquello llegara a consecuencias mucho mayores.
Pero antes de terminar mi primera condición, Ricardo levantó la cabeza y dijo algo que hizo que incluso su padre perdiera el color del rostro.
Y ahí entendí que todavía faltaba descubrir la peor parte.
PARTE 3
—Papá sabe perfectamente de dónde salió esa firma —dijo Ricardo.