PARTE 1
—¿Por qué regresaste? ¡Se suponía que tú, Mauricio y Nicolás ya vivían en casa de la abuela Amalia!
Daniela se quedó inmóvil frente a la puerta de su propio departamento, apoyada en unas muletas, con la pierna todavía rígida después de un mes internada en el hospital.
Durante unos segundos creyó que los medicamentos le estaban jugando una mala pasada.
Frente a ella estaba Valeria, la hermana mayor de su esposo, descalza, con una bata vieja y un mandil manchado de salsa. Detrás se escuchaba la televisión a todo volumen, niños gritando y el golpe de una pelota contra la pared.
—¿Cómo que vivimos con la abuela Amalia? —preguntó Daniela.
Su padre, Rafael, que sostenía la silla de ruedas que acababan de recoger, miró a Valeria con la misma incredulidad.
Aquella mañana debía ser feliz.
Un mes antes, Daniela había sufrido un accidente cuando corría para alcanzar el camión rumbo a su trabajo en Guadalajara. Un automóvil la golpeó al cruzar una avenida y le provocó una fractura complicada en la pierna.
Los médicos le habían advertido que necesitaría semanas de rehabilitación.
Durante todo ese tiempo, Mauricio, su esposo, supuestamente había cuidado de Nicolás, su hijo de cinco años.
Daniela se sentía culpable por la carga que él llevaba encima. Por eso aceptó sin reclamar que Mauricio apenas la visitara los fines de semana.
Cuando el médico anunció que podía regresar a casa, Daniela decidió adelantar la salida un día para sorprenderlo.
Recogió a Nicolás del kínder con sus padres y, llena de ilusión, regresó al departamento que tanto había extrañado.
Pero ahora su cuñada estaba parada en la entrada como si fuera la propietaria.
—Déjanos pasar —ordenó Rafael—. Mi hija acaba de salir del hospital.
Valeria resopló, pero se hizo a un lado.
Daniela entró.
Y sintió que algo se rompía dentro de ella.
En su sala estaba Misael, el esposo de Valeria, acostado en el sillón viendo futbol. Su hijo pequeño pateaba una pelota contra un mueble y la niña mayor jugaba sobre la cama de Nicolás.
Había bolsas, juguetes y ropa por todas partes.
No parecían invitados.
Parecían haberse mudado.
—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó Daniela.