Miró la pantalla.
Y rechazó la llamada.
Ese gesto le dolió casi tanto como el beso.
Rachel le preguntó si quería ir hasta donde estaba él.
Pero ella dijo que no.
No todavía.
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Abrió la conversación con su esposo.
El último mensaje seguía ahí.
Una frase sencilla de esa misma mañana.
No olvides comprar leche si pasas por la tienda.
Tan cotidiana.
Tan normal.
Tan propia de una pareja casada.
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Escribió varias respuestas y las borró.
Hasta que dejó de buscar palabras.
Volvió a mirar a la mujer con la chamarra.
Y escribió una sola frase.
La chamarra se le ve bien a ella.
Envió el mensaje.
Daniel tenía el teléfono en la mano.
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Bajó la mirada.
Desde aquella distancia, ella pudo notar cómo su postura cambiaba.
Sus hombros se tensaron.
Levantó la cabeza.
Miró hacia atrás.
Después hacia los lados.
Como alguien que acababa de entender que la persona que intentaba evitar estaba mucho más cerca de lo que imaginaba.
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El teléfono de ella volvió a sonar.
Daniel estaba llamando.
Ella no contestó.
La segunda llamada tampoco.
Entonces él comenzó a buscar entre las gradas.
Durante siete años, ella había aprendido cómo la encontraba entre una multitud.
La forma en que movía los ojos.
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La manera en que levantaba ligeramente la barbilla.
Las pequeñas señales que siempre terminaban con una sonrisa cuando por fin la veía.
Pero esta vez no había sonrisa.
Esta vez parecía asustado.
Hasta que sus miradas se cruzaron.
Daniel quedó inmóvil.
Ella no levantó la mano.
No lloró.
No apartó la mirada.
Solo permaneció ahí, dejando que él entendiera que ya no estaba oculto.
La mujer junto a Daniel siguió la dirección de sus ojos.
Cuando la encontró, miró primero a ella y después a Daniel.
Algo cambió en su expresión.
Le dijo unas palabras que hicieron que Daniel girara inmediatamente hacia ella.
Rachel tomó una foto casi por instinto.
Pero la esposa de Daniel apenas lo notó.
Porque un segundo después, él se puso de pie.
La otra mujer también.
Ambos comenzaron a avanzar por el pasillo de las gradas.
Y mientras se acercaban, ella seguía usando la chamarra que había sido comprada como un regalo de amor.
Cuando finalmente llegaron frente a ella, ocurrió algo que ninguno de los tres esperaba.