Pero aquella noche junto al río había cambiado todo.

El golpe contra el agua no solo había dejado heridas físicas. Había destruido la última versión de Sergio que Mariana todavía quería creer. Mientras la corriente intentaba arrastrarla, mientras el frío le quitaba fuerza y cada movimiento parecía más difícil, una idea quedó clara en su mente: aquello no había sido un accidente.
Sergio había intentado acabar con su vida.
Mariana había sobrevivido porque tenía una preparación que él nunca tomó en cuenta. Durante doce años había trabajado como agente de investigación en la Fiscalía de Jalisco. Sabía controlar el miedo, observar detalles bajo presión y tomar decisiones cuando cualquier error podía costar caro.
En lugar de luchar contra la corriente sin dirección, esperó el momento correcto. Giró hacia una zona menos profunda, encontró una raíz entre el lodo y consiguió sostenerse hasta llegar a la orilla.