PARTE 1
El día en que Alejandro Robles decidió invitar a su exnovia a su boda para humillarla, no imaginó que estaba preparando el escenario de la peor vergüenza de su propia vida.
Desde el piso 38 de la torre de Nébula Sistemas, en Guadalajara, Alejandro contemplaba la ciudad mientras sostenía el teléfono. A los 36 años había convertido un proyecto universitario en una de las empresas tecnológicas más admiradas de México. En 2 semanas se casaría con Valeria Serrano, una modelo conocida en campañas nacionales, en una hacienda de Zapopan preparada para recibir empresarios, periodistas y políticos locales.
Sin embargo, aquella mañana solo pensaba en Carmen Ortega.
Habían pasado 6 años desde que ella terminara la relación, cansada de competir con una empresa que siempre parecía necesitarlo más que ella. Alejandro nunca le perdonó que se marchara justo cuando buscaba su primera inversión importante. Durante años convirtió esa herida en combustible. Trabajó noches completas, compró un departamento que apenas habitaba y llegó a convencerse de que el éxito demostraría quién se había equivocado.