Jacob Miller había pedido prestados los 15.000 dólares para comprar equipo para su negocio de carpintería; una cantidad considerable para una familia amish, pero razonable para la expansión del negocio. Según los documentos hallados en los archivos de Benton tras su fallecimiento en 2005, las condiciones parecían justas: un interés del 8% y un plazo de amortización de tres años.
Pero, oculta en el contrato, había una cláusula que permitía a Benton exigir el pago inmediato del préstamo si consideraba que el prestatario corría riesgo de impago. Además, el contrato le otorgaba a Benton el derecho de embargar bienes —incluidos terrenos— como garantía.
En diciembre de 1991, cuando Jacob realizó su pago programado con una semana de retraso debido a la baja actividad comercial durante el invierno, Benton invocó la cláusula. Exigió el pago del saldo restante completo —aproximadamente 13.000 dólares— en un plazo de treinta días, o de lo contrario se quedaría con la granja de los Miller.
“Para una familia amish, perder sus tierras es perderlo todo”, explica el Dr. David Weaver-Zercher, historiador especializado en estudios amish. “La tierra representa la riqueza generacional, la identidad familiar, su sustento. No se trata solo de una pérdida económica, sino de una devastación espiritual y comunitaria”.
Jacob no pudo reunir 13.000 dólares en treinta días. Pedir dinero prestado a familiares o miembros de la comunidad habría expuesto sus problemas financieros y le habría avergonzado. Pedir ayuda a la iglesia habría implicado confesar sus deudas, una práctica que muchos amish intentan evitar.
Según las declaraciones de testigos recogidas en 2012, Benton visitó la granja de los Miller en varias ocasiones a principios de 1992. Los vecinos informaron haber visto su camioneta cerca de la propiedad. Un granjero amish, Amos Fisher, recordó haber tenido un acalorado altercado entre Benton y Jacob cerca de los límites de la propiedad de los Miller.
«Jacob parecía asustado», recuerda Fisher. «Nunca lo había visto así. Y Benton estaba agresivo, señalándome con el dedo y alzando la voz. Le pregunté si todo estaba bien. Benton me dijo que me metiera en mis asuntos. Jacob se quedó allí parado, en silencio».
El enfrentamiento final tuvo lugar, al parecer, a finales de marzo de 1992. Varios testigos declararon haber visto la camioneta de Benton en la granja de los Miller el 24 de marzo. Se oyeron gritos. Poco después de esa visita, los vecinos notaron que los Miller se aislaban cada vez más.
“Ruth dejó de venir a los grupos de costura”, recuerda Esther Troyer. “Siempre había estado allí todas las semanas. Pero en abril y mayo del 92 no vino. Cuando la visité para ver cómo estaba, parecía nerviosa, distraída. Dijo que todo estaba bien, pero me di cuenta de que no era así”.
En retrospectiva, la cronología quedó clara: tras la última visita amenazante de Benton en marzo, Jacob comenzó la construcción de la habitación secreta. En abril, estaba terminada. La familia se escondió.