Entramos todos en la casa.
Daniel miró el mantel del pavo real.
—Tu abuelo descubrió algo hace treinta años.
—¿Qué?
—Una cuenta bancaria secreta. Había una gran cantidad de dinero perteneciente a tu familia.
Mi abuela negó con la cabeza.
—No era solamente dinero.
Daniel continuó:
—Tu abuelo descubrió que alguien había estado robando dinero de la empresa familiar durante años. Cuando intentó denunciarlo, recibió amenazas.
—¿Quién lo estaba haciendo?
Daniel miró a mi abuela.
Ella permaneció en silencio.Entonces él respondió:
—Mi hermano.
Me quedé sorprendida.
—¿Mi tío?
Daniel asintió.
—Tu abuelo decidió guardar las pruebas. Las escondió dentro de esta casa, pero nunca llegó a entregarlas a la policía.
Casay jardín
—¿Por qué?
Daniel sacó una segunda fotografía.
—Porque la noche en que iba a hacerlo, sufrió un accidente.
Mi abuela comenzó a llorar.
—No fue un accidente —dijo.
Todos nos quedamos en silencio.
—¿Qué quieres decir?
Mi abuela miró a Daniel.
—Tu abuelo fue asesinado.
Sentí un escalofrío.
—¿Y tú lo sabías?
Daniel respondió:
—Sí. Pero tenía miedo. Tu tío amenazó con hacerle daño a tu madre y a ti si hablaba.
Entonces comprendí por qué mi abuela había guardado silencio durante tantos años.
Pero todavía faltaba una pregunta.
—¿Dónde están las pruebas?