Y más de $17 millones de pesos vinculados directa o indirectamente con operaciones que Daniel tendría que explicar.
Camila dejó de ser una novia enamorada apenas comenzaron las preguntas serias.
Su abogado aseguró que ella desconocía el origen del dinero.
El abogado de Daniel respondió que muchas decisiones habían sido idea de Camila.
Su gran historia de amor sobrevivió menos que sus tarjetas de crédito.
Yo no celebré.
Estaba demasiado ocupada entendiendo algo más doloroso.
Durante 9 años había defendido a Daniel.
Frente a mi madre.
Frente al consejo.
Frente a empleados que intentaron advertirme que estaba concentrando demasiado poder.
Incluso frente a mí misma.
Yo decía que era ambicioso.
Que tenía carácter.
Que necesitaba espacio para demostrar lo que podía hacer.
La verdad era mucho más incómoda.
Cada vez que Daniel cruzaba una línea, yo movía la línea.
Durante nuestro proceso de divorcio intentó hacerlo una última vez.
Llegó a la mediación con un traje impecable y la misma seguridad con la que había salido de casa aquella madrugada.
Se sentó frente a mí.
—Estás disfrutando esto.
Lo observé.
Durante años habría intentado convencerlo de que no.
Habría explicado mis sentimientos.
Habría buscado una manera de evitar que se sintiera atacado.
Ese día simplemente dije:
—No. Estoy terminándolo.
Daniel exigió la mitad de mis bienes.
Mi abogado abrió una carpeta.