Sergio no pudo sostenerle la mirada.
María habló después.
—Me esposó delante de mis hijos en la puerta del colegio. Mi niña tenía seis años. Todavía se despierta gritando por las noches. Usted no solo me humilló a mí. Le robó la tranquilidad a mis hijos.
Luis levantó la camisa y mostró una cicatriz.
—Me rompió un riñón con la porra estando esposado. No puedo volver a trabajar como antes. Mi familia se endeudó por una operación que nunca debí necesitar.
Jaime Murillo dio un paso al frente.
—Serví a mi país. Volví con una pierna dañada y una medalla. Usted me llamó basura. Me tuvo treinta y seis horas en una celda sin cargos. El inspector firmó que todo fue correcto.
Ricardo miró la mesa.
Alberto sudaba.
Elena mostró un correo electrónico.
De Ricardo a Sergio.
Seis meses antes.
“Aprieta con los de siempre. Las cuotas importan más que las quejas. Yo me encargo de cualquier problema.”
Don Manuel habló sin levantar la voz.
—Eso no es una frase ambigua. Es una orden directa para abusar del poder con promesa de protección.
El fiscal se puso de pie.
—Agente Sergio Molina, queda detenido por abuso de autoridad, detención ilegal, agresiones, manipulación de pruebas y violación de derechos fundamentales.
Dos agentes se acercaron.
Sergio empezó a llorar.
—Yo solo seguía órdenes.
Tomás lo miró con frialdad.
—Esa frase no me devolvió ocho meses con mi hija.
El fiscal continuó.
—Inspector Ricardo Cruz, queda detenido por obstrucción, encubrimiento, conspiración, falsificación de informes y abuso sistemático de poder.
Ricardo no dijo nada.
Parecía envejecido veinte años.
—Concejal Alberto Flores, queda detenido por corrupción, lavado de dinero, fraude en contratos públicos y conspiración para obstruir investigaciones.
Alberto se levantó.
—Soy representante electo. Tengo inmunidad.
El fiscal Montes lo miró sin emoción.
—Ningún cargo pone a nadie por encima de la ley.
Las esposas cerraron.
Clic.
El mismo sonido que don Manuel había escuchado una hora antes.
Pero esta vez no humillaba a un inocente.
Esta vez pesaba sobre los culpables.
Cuando los sacaron de la comisaría, medio pueblo estaba fuera.
Los testigos del parque.
Vecinos.
Reporteros locales.
Familias enteras.
La niña de cinco años estaba sobre los hombros de su madre.