No traía seguridad.
Entró sola.
—Doctora Hart…
Me puse de pie.
—Señorita Walsh.
Ella se acercó y, para mi sorpresa, inclinó profundamente la cabeza.
—Lo siento.
No dije nada.
—Sé que eso no arregla nada —continuó—. Sé que lo que hicieron fue imperdonable.
Sus ojos estaban rojos.
—Mi hermano está empeorando.
Daniel me miró.
Yo permanecí inmóvil.
Claire respiró hondo.
—No voy a decirle que nos debe nada. No voy a hablarle del dinero. No voy a amenazarla. Vine porque fui yo quien le pidió que salvara a Ethan la primera vez.
Sacó el teléfono.
Había una fotografía de su hermano en la cama del hospital.
—Y ahora vuelvo a pedírselo.
Sentí algo apretándome el pecho.
Pero recordé el aeropuerto.
La risa de Vanessa.
Los guardias.
Las ampollas bajo su zapato.
La voz de Marcus.
“¿Quién se cree que es?”
—No puedo hacer la operación bajo las condiciones originales.
Claire bajó la cabeza.
—Lo entiendo.
—Y los medicamentos fueron destruidos.
—¿Puede preparar más?
—No esta noche.
Su expresión se quebró.
—¿Cuánto necesita?
—No es cuestión de dinero.
—Lo sé.
Me sorprendió que no insistiera.
Claire se sentó.—Segunda. La familia Walsh firmará un documento reconociendo que la operación se realiza después de un retraso provocado por terceros y bajo mayor riesgo debido a la destrucción de la medicación.
—Aceptado.
—Tercera. Nadie de la familia contactará a mi hospital para ejercer presión.
—Aceptado.
—Cuarta.
Me detuve.
—La aerolínea preservará todas las grabaciones de seguridad, registros internos y comunicaciones relacionadas con mi expulsión. Si desaparece un solo archivo, no subo al avión.
Claire respondió sin vacilar.
—Lo tendrá.
—Y una última cosa.
—Dígame.
—No quiero los tres millones.
—¿Entonces cuánto?
—Cero.
Claire quedó en silencio.
—Si opero a Ethan, lo haré porque es mi paciente.
Miré mi maleta rota en el suelo.
—No porque alguien crea que puede comprarme.
Treinta y cinco minutos después estaba en un jet rumbo a Nueva York.
Daniel vino conmigo.
Durante el vuelo revisamos cada imagen de Ethan.
La situación era peor de lo esperado.
—La presión pulmonar subió —dijo Daniel.
—Lo vi.