Se detuvo a unos metros de distancia.
“Dios mío”, susurró. Su voz temblaba.
La mujer me miró fijamente a la cara como si intentara memorizar cada rasgo.
Entonces dijo algo que hizo que todo el lugar se quedara en silencio.
“Dios mío”. —Antes de celebrar hoy, hay algo que debes saber sobre el hombre al que llamas “padre”.
Miré a papá. Él miraba a la mujer con terror.
—¿Papá? —le di un codazo.
No respondió.
La mujer lo señaló—. Ese hombre no es tu padre.
Se oyeron jadeos entre la multitud.
Miré de su rostro al de él, intentando comprender si era una broma.
—Ese hombre no es tu padre.
Me parecía imposible, como si me acabaran de decir que el cielo era marrón.
La mujer dio un paso más hacia mí. —Me te robó.
Papá pareció reaccionar entonces.
Negó con la cabeza. —Eso no es cierto.
Es cierto, Liza, y lo sabes. Al menos no del todo.
—¿Qué? —pregunté.
Entonces los susurros se hicieron más fuertes. Los padres se miraron entre sí. Los profesores intercambiaron miradas de confusión.
—Te robó de mi lado.
Agarré la muñeca de papá. —Papá, ¿de qué está hablando? ¿Quién es?
Me miró. Sus labios se entreabrieron, pero antes de que pudiera hablar, la mujer lo interrumpió.
—¡Soy tu madre, y este hombre te ha mentido toda la vida!
Sentía que mi cabeza intentaba ir en diez direcciones a la vez. Mi madre estaba allí, en mi graduación, y todos nos miraban.
Me agarró la mano. —Perteneces a mi lado.
—Papá, ¿de qué está hablando? ¿Quién es ella?
Instintivamente, me aparté.
Papá extendió el brazo delante de mí, creando una barrera entre mi madre y yo.
—No te la vas a llevar a ninguna parte —dijo papá.
—No te corresponde a ti decidir eso —replicó ella bruscamente.
—¿Alguien me puede explicar qué está pasando? ¡Papá, por favor!
Me miró y bajó la cabeza. —Nunca te robé de ella, pero tiene razón en una cosa. No soy tu padre biológico.
—No te corresponde a ti decidir eso.
—¿Qué? ¿Me mentiste?
—Liza te dejó conmigo. Su novio no quería al bebé y ella estaba pasando por un mal momento. Me pidió que te cuidara una noche para poder conocerlo y hablar. —Hizo una pausa—. Nunca regresó. Él también desapareció esa noche. Siempre supuse que se fugaron juntos.