Los patos me ignoraron por completo.
Me eché a reír a carcajadas.
La gente me miraba.
Por una vez, no me importó.
Los patos me ignoraron por completo.
***
Han pasado los meses.
Pero no he aprendido a superar el dolor.
Porque Thomas tampoco lo había aprendido nunca.
Solo me había enseñado una cosa mucho más modesta.
A veces, la mayor muestra de amabilidad no consiste en encontrar las palabras adecuadas.
Se trata de garantizar que nadie más tenga que cargar con esa responsabilidad sola.