Para darle una lección a un hombre que ha empezado a ignorarte, no le ruegues: haz estas dos cosas.

Pero utilizar la ausencia únicamente para generar miedo, celos o ansiedad en otra persona no contribuye a construir una relación sana.

Tomar distancia puede ser beneficioso cuando sirve para proteger tu bienestar, organizar tus emociones o terminar una relación. Es muy diferente hacerlo con el único propósito de controlar la reacción de otra persona.

Si vuelve a buscarte, no te limites a escuchar sus palabras.

El hecho de que una persona reaparezca no significa necesariamente que el problema esté resuelto; lo importante es observar si hay un cambio sostenido en su comportamiento.

Pregúntate: ¿Mantienen una comunicación constante? ¿Inician conversaciones? ¿Cumplen sus promesas? ¿Respetan tus límites? ¿Hay reciprocidad o desaparecen una vez que captan tu atención? En las relaciones, la constancia suele ser más importante que una explicación convincente.

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La verdadera lección no consiste en lograr que se arrepienta.

Si bien puede resultar tentador pensar en cómo hacer que alguien “aprenda una lección”, existe una respuesta mucho más poderosa que cualquier estrategia de indiferencia.

No persigas a alguien que constantemente te obliga a perseguirlo.  Puedes   comunicarte  con claridad, darle espacio y observar qué sucede. Si hay interés genuino, habrá reciprocidad.

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Y si desaparece en cuanto dejas de mantener toda   comunicación , probablemente hayas obtenido información mucho más valiosa que cualquier explicación.

Porque establecer límites no se trata de castigar a otra persona:  se trata de decidir qué tipo de comportamiento estás dispuesto a aceptar en tus relaciones.

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