Su diseño recuerda una época en la que muchos objetos estaban construidos para durar y podían formar parte de una casa durante décadas.
Tal vez nunca volverías a utilizarla para coser.
Tal vez la restaurarías.
O quizá simplemente la conservarías como recuerdo.
Pero si alguien apareciera en tu puerta con una máquina como esta y te dijera:
“Es tuya. Te la regalo.”
La pregunta sería inevitable:
¿La aceptarías o preferirías dejarla pasar?