“Pero veo al padre en el que te has convertido.”
Contuvo la respiraciĂłn.
“Y veo al hombre que sigue apareciendo, incluso cuando nadie está mirando.”
Una lágrima se deslizó por su mejilla.
“No quiero hacer promesas sobre el futuro, Daniel.”
“No te lo estoy pidiendo.”
Ella tomĂł su mano.
“Pero tal vez podamos empezar cenando juntos mañana.”
Daniel la mirĂł fijamente.
Fue una oferta muy pequeña.
No hay declaraciones de amor eterno.
No hay reencuentro repentino.
No hay garantĂa de que las heridas entre ellos sanen por completo.
SĂłlo cena.
Una oportunidad de sentarse en la misma mesa sin que la ira se interponga entre ellos.
Para un hombre que alguna vez creyĂł que podĂa comprar todo lo que quisiera, se sintiĂł como el mejor regalo que jamás habĂa recibido.
“Me gustarĂa eso”, susurrĂł.
Emily le apretĂł la mano.
Entonces apareció Noé en la puerta.