Parte 2:
PARTE 3
El Rancho Los Robles se levantaba detrás de una cerca de piedra y un portón de hierro que parecía más apropiado para una hacienda turística que para un negocio ganadero.
Alejandro estacionó frente a la entrada y observó durante unos segundos.
Veintiséis años atrás, la familia Robles ya tenía dinero.
Ahora tenían poder.
Y el poder, Alejandro lo sabía mejor que nadie, casi siempre dejaba rastros cuando alguien creía que podía usarlo sin consecuencias.
No preguntó directamente por Mariana.
Se presentó como empresario interesado en tierras de la zona.
El apellido Mendoza abrió puertascon una facilidad que lo incomodó.
Don Ernesto Robles aceptó recibirlo esa misma tarde.
Era un hombre de casi setenta años, cabello completamente blanco, botas costosas y una sonrisa demasiado segura.
—Me dijeron que anda comprando terrenos por aquí —comentó Ernesto mientras servía tequila.
—Estoy evaluando inversiones.
Alejandro caminó lentamente por la oficina.
Diplomas.
Fotografías familiares.
Reconocimientos empresariales.
Y detrás del escritorio, varias carpetas antiguas perfectamente ordenadas.