Alejandro tomó uno.
Nunca había visto esa carta.
—Te escribí después del nacimiento.
Tomó otro.
Te escribí cuando los Robles me acusaron.
Otro sobre.
—Te escribí cuando Sofía enfermó y pensé que iba a necesitar una operación que yo no podía pagar.
Alejandro sintió un frío recorrerle el cuerpo.
—Nunca recibí nada.
—Lo sé.
Mariana sacó entonces una carta diferente.
No estaba escrita por ella.
Era una respuesta.
Alejandro reconoció inmediatamente el membrete de una antigua oficina familiar.
Leyó.
“Señora López:
El señor Mendoza no desea tener ningún contacto con usted. Le rogamos que no vuelva a comunicarse con él ni con su familia.”
Alejandro leyó dos veces.
Luego una tercera.
—Yo jamás autoricé esto.
—Durante años pensé que sí.
En la parte inferior había una firma.
Alejandro la reconoció.
Eduardo Mendoza.
Su hermano mayor.
Alejandro se quedó completamente inmóvil.
De pronto recordó conversaciones antiguas.
Eduardo diciéndole que Mariana se había casado.
Eduardo asegurándole que ella no quería volver a verlo.
Eduardo insistiendo en que
dejar atrás el pueblo era lo mejor para su futuro.
—No…
Mariana lo observó.
—Tu hermano sabía de Sofía.
Alejandro sintió náuseas.
Esa misma noche enfrentó a Eduardo por videollamada.
Al principio lo negó todo.
Hasta que Alejandro mostró las cartas.
Entonces Eduardo guardó silencio.
—¿Por qué? —preguntó Alejandro.
—Porque eras un idiota.
—¿Qué hiciste?
—Te protegí.
Alejandro golpeó el escritorio.
—¡Me quitaste a mi hija!
Eduardo levantó la voz.
—¡Tú estabas construyendo un imperio! ¿Sabes qué habría pasado si regresabas al pueblo por una mujer embarazada? Nuestro padre necesitaba que estuvieras concentrado. Los inversionistas necesitaban estabilidad.
Alejandro lo miró con incredulidad.
—¿Nuestro padre sabía?
El silencio respondió antes que Eduardo.
Sí.
Su propio padre había sabido.
También había utilizado contactos para impedir que las cartas de Mariana llegaran hasta él.
Y cuando los Robles comenzaron a destruir su reputación, nadie intervino.
Porque para la familia Mendoza, Mariana era un
problema que debía permanecer lejos.
Alejandro terminó la llamada sin despedirse.
A la mañana siguiente, su equipo legal presentó formalmente los documentos sobre las operaciones de los Robles.
La investigación reabrió el caso.
Con los registros bancarios, las sociedades fantasma y los movimientos posteriores al despido de Mariana, la historia comenzó a derrumbarse rápidamente.