Me llamaron estéril después de 8 años de relación, mi novio eligió a otra y su familia me humilló durante la boda. Yo no grité; guardé el informe médico y me marché. Cuando mi jefe dijo: “Mi hijo tiene el mismo problema, quizá deberían casarse”, acepté conocerlo. Cinco meses después estaba embarazada de trillizos…

—Las probabilidades son muy bajas —aclaró—. No quiero hacerme ilusiones.

Valeria le tomó la mano.

Por primera vez se besaron.

Y aquella noche dejaron de ser solamente dos personas protegidas por un contrato.

Sin embargo, ninguno quiso hablar al día siguiente de lo ocurrido.

Dos meses después, Valeria comenzó a vomitar todas las mañanas.

Pensó que era estrés hasta que notó el retraso menstrual.

Compró tres pruebas.

Las tres fueron positivas.

En una clínica privada, la ginecóloga permaneció varios segundos observando el ultrasonido.

—Valeria… estás embarazada.

Ella comenzó a llorar.

La doctora sonrió.

—Y hay algo más. Son tres.

Valeria sintió que el piso desaparecía.

Trillizos.

La mujer declarada prácticamente estéril estaba embarazada de trillizos y su esposo llevaba años creyéndose incapaz de engendrar.

Aquello no era una alegría sencilla. Era una bomba.

Antes de hablar con Alejandro, Valeria buscó al doctor Ernesto Valdés, el especialista que había firmado su diagnóstico original.

Colocó ambos estudios sobre su escritorio.

—Explíqueme cómo una mujer “incapaz de concebir” termina embarazada.

El médico comenzó hablando de errores estadísticos y casos excepcionales.

Hasta que Valeria mencionó a Rafael Alcázar y dijo que solicitaría formalmente todo su expediente.

Valdés perdió el color del rostro.

—Yo… modifiqué el informe.

Valeria quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Tus estudios mostraban un problema tratable. Nunca significaron esterilidad definitiva.

—¿Quién le pidió cambiarlo?

El médico cerró los ojos.

—Teresa Cárdenas.

Valeria sintió náuseas.

Teresa había pagado para convertir un problema médico solucionable en una sentencia. Quería sacar a Valeria de la vida de Mauricio para acercarlo a Renata y a la poderosa familia de ella.

Cuando Valeria enfrentó a Mauricio en su oficina, él no pudo mirarla a los ojos.

—¿Lo sabías?

—No desde el principio.

Aquella respuesta fue suficiente.

Mauricio había descubierto la mentira después… y decidió callar porque el matrimonio con Renata impulsaba su carrera.

Valeria salió del edificio temblando.

Alejandro la esperaba afuera.

Había escuchado parte de la discusión.

Horas después, dentro del automóvil, Valeria puso el ultrasonido en sus manos.

—Estoy embarazada.

Alejandro observó los tres pequeños sacos gestacionales.

—¿De cuánto tiempo?

—Nueve semanas.

Su rostro se endureció.

—Valeria… yo tengo azoospermia.

—Estuvimos juntos.

—Una vez. Y mi último estudio seguía siendo terrible.

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