Entonces apareció en sus ojos algo que Valeria nunca había visto: miedo convertido en desconfianza.
—¿Son de Mauricio?
La pregunta le dolió más que todos los insultos de Teresa.
Valeria abrió la puerta del automóvil.
—Si después de todo lo que sabes de mí eso es lo primero que piensas, no voy a suplicarte que me creas.
Se marchó.
Esa misma noche llamó a Mariana, una antigua compañera que trabajaba en investigación biomédica.
—Necesito saber exactamente qué tratamiento recibió Alejandro.
Horas después recibió un mensaje.
“Valeria, encontré algo. Si las fechas coinciden, existe una posibilidad real de que Alejandro haya recuperado fertilidad temporalmente. Y hay una forma de comprobar la paternidad antes del nacimiento”.
Valeria miró la pantalla con el corazón golpeándole el pecho.
Al día siguiente entró al despacho de Rafael Alcázar, dejó el ultrasonido sobre su escritorio y dijo:
—Sus nietos podrían estar aquí. Pero esta vez no quiero fe ni milagros. Quiero pruebas.
PARTE 3
Rafael Alcázar tardó varios segundos en reaccionar.
El hombre que siempre parecía tener una respuesta para todo miró primero la imagen del ultrasonido y luego a Valeria.
—¿Alejandro sabe?
—Sí.—¿Y qué piensa?
—Que podrían no ser suyos.
Los músculos de la mandíbula de Rafael se tensaron.
Valeria levantó una mano.
—No lo culpe todavía. Durante años ustedes le repitieron que era prácticamente imposible que pudiera tener hijos. Cuando vio este ultrasonido, reaccionó desde ese miedo.
Rafael guardó silencio.
Valeria le explicó entonces lo ocurrido con el doctor Valdés, el falso diagnóstico y el dinero de Teresa.
Por primera vez, el director perdió completamente su serenidad.
—¿Tienes cómo demostrarlo?
—El médico está dispuesto a entregar una declaración. Pero eso es solamente la mitad del problema.
Sacó el mensaje de Mariana.
El tratamiento experimental de Alejandro había mostrado en algunos participantes recuperación parcial y temporal de la producción espermática. El protocolo exigía controles periódicos porque los resultados podían cambiar drásticamente de un mes a otro.
Alejandro había faltado precisamente al estudio que debía realizarse después de su última fase de tratamiento.
—Quiero todos sus resultados —dijo Valeria—. Y quiero una prueba prenatal de paternidad en un laboratorio especializado. No voy a pasar siete meses escuchando rumores sobre quién es el padre de mis hijos.