—¿Qué?
—No sé cómo arreglar esto.
Lucía no sonrió.
Tampoco le dio una respuesta que pudiera aliviarlo.
Solo señaló a los niños.
—Empieza por conocerlos.
Mateo se acercó lentamente.
El mayor lo miró.
Después miró a sus hermanos.
Y volvió a mirar a Mateo.
—¿Te vas a ir otra vez?
Mateo se quedó sin palabras.
Aquella era la pregunta que realmente importaba.
No la parcela.
No el contrato.
No la empresa.
No el penthouse.
El niño esperaba una respuesta.
Mateo se agachó hasta quedar a su altura.
—No quiero irme.
Lucía escuchó desde unos pasos
atrás.
No intervino.
El niño tampoco pareció convencido.
Y Mateo comprendió que una promesa no podía borrar dos años.
Tendría que demostrarla.
Un día a la vez.
Mientras los tres niños se acercaban poco a poco, Mateo levantó la mirada hacia las tierras.
El contrato que había venido a cerrar seguía pendiente.
Pero ahora había otra decisión frente a él.
Si compraba aquellas parcelas, podía resolver el negocio que lo había llevado de regreso.
También podía poner precio a un lugar que para sus hijos significaba hogar.
Y por primera vez desde que había aprendido a hacer dinero, Mateo no supo qué cantidad debía ofrecer.
Lucía tomó la caja de cartas.
—Mañana te las voy a dar.
Mateo volteó.
—¿Todas?
—Todas.
—¿Y después?
Lucía miró a los tres niños.
—Después vas a saber quién estuvo aquí cuando tú no estabas.
Mateo asintió.
No insistió.
Por primera vez desde que había
regresado, aceptó que no podía controlar el siguiente paso.
La noche comenzó a caer sobre el pueblo.
Los niños entraron a la casa.
Lucía fue detrás de ellos.
Mateo permaneció afuera unos segundos, mirando la parcela que había considerado un simple activo para su empresa.
Luego dejó el teléfono sobre el cofre de la camioneta y no llamó a sus socios.
No habló del contrato.
No habló del precio.
Entró a la casa.
Los tres niños estaban alrededor de una mesa pequeña.
Uno de ellos le hizo un espacio.
Mateo se sentó.
No sabía todavía cómo ser padre de tres niños que habían aprendido a crecer sin él.
Pero aquella noche tomó la primera decisión que no tenía nada que ver con dinero.