Valeria ocuparía el departamento de Daniela.
Y cuando la abuela muriera, Mauricio recibiría su propiedad.
Después, Daniela debía transferir su departamento a Valeria.
—A ver si entendí —dijo Daniela lentamente—. Yo iba a entregar una propiedad que vale millones de pesos para que tu hermana dejara de pagar renta. Además tenía que cuidar gratis a tu abuela. Y, a cambio, quizá algún día tú recibirías un departamento viejo que ni siquiera sabemos legalmente si puede heredarse como tu madre dice.
—No lo digas así.
—¿Cómo quieres que lo diga?
—Éramos una familia ayudándose.
Daniela soltó una carcajada sin alegría.
—Curiosa forma de ayudar. Todos recibían algo. Tu hermana recibía mi departamento. Tu mamá se libraba del cuidado de su madre. Tú obtenías una herencia. ¿Y qué recibía yo?
Mauricio abrió la boca.
No salió ninguna respuesta.
—Exactamente.
Elena observaba desde la cocina. Rafael permanecía cerca de Nicolás para evitar que el niño escuchara la discusión.
Mauricio volvió a ponerse a la defensiva.
—También era para nuestro futuro.
—¿Nuestro futuro? Ni siquiera me preguntaste.
—Estabas hospitalizada.
—Precisamente. Estaba hospitalizada, no muerta.
La frase lo hizo callar.
Daniela llevaba años justificándolo.
Cuando su suegra entraba sin avisar, Mauricio decía que sólo quería ayudar.
Cuando Teresa se llevaba cosas de la casa, él decía que eran objetos sin importancia.
Cuando Valeria necesitaba dinero, Mauricio encontraba la forma de prestárselo aunque después en casa tuvieran que recortar gastos.
Incluso en decisiones relacionadas con su propio trabajo escuchaba antes a su madre que a Daniela.
Un año atrás le habían ofrecido capacitarse durante tres meses para obtener un mejor puesto. Daniela lo animó.
Teresa le dijo:
—No arriesgues lo seguro. Esas promociones siempre esconden algo.
Mauricio rechazó la oportunidad.
Un compañero tomó el curso y meses después se convirtió en jefe de área.
Ahora Mauricio se quejaba de que en su empresa habría recortes.
Pero Daniela había seguido pensando que él cambiaría.
Que algún día entendería que después de casarse, su esposa y su hijo debían convertirse en su prioridad.
El accidente terminó de abrirle los ojos.
—Quiero preguntarte algo —dijo ella—. Durante este mes, ¿cuántas noches pasó Nicolás en casa de la abuela Amalia?