—¿Ya cenaste? —le pregunté.
Bajó los ojos.
—La abuela dijo que no alcanzó para todos.
Abrí el refrigerador.
Estaba casi vacío.
Dos días antes yo había comprado carne, verduras, queso, fruta, tortillas y leche para toda la semana.
—Teresa, ¿de verdad cocinaste solo para ustedes dos?
Mi suegra se limpió la boca con una servilleta.
—La carne está carísima. Alguien tiene que ahorrar en esta casa.
Daniel ni siquiera levantó la mirada.
—Mi mamá ya hace bastante. No armes un drama por una cena. Prepárate algo tú y a Sofía.
Entonces escuché un ruido arriba.
El cajón debajo de la cama de mi hija.
Subí y encontré una caja de zapatos llena de galletas saladas, dos manzanas y una lata de leche condensada abierta.
—Es mi reserva —me explicó—. Por si la abuela vuelve a decir que no quedó comida.
No lloré.
Bajé, partí el último pedazo de queso en dos, preparé té para Sofía y para mí y cenamos en silencio frente a ellos.
Antes de dormir, mi hija me preguntó:
—¿Mañana también vamos a comer así?
La abracé y le respondí:
—No. Mañana esta casa va a funcionar de otra manera.
Todavía no sabía que aquella cena no era lo peor.
Lo que estaba a punto de descubrir sobre Teresa era mucho más grave que un plato de comida.
PARTE 2
A las siete de la mañana dejé a Sofía con mi amiga Lucía y fui directo con una notaria que conocía por mi trabajo.
Pedí una copia certificada de las escrituras de la casa y preparé una notificación sencilla: si Teresa quería seguir viviendo ahí, tendría que aportar una cantidad razonable para servicios y despensa, respetar las reglas de convivencia y dejar de disponer de nuestras cosas y dinero como si fueran suyos.
Después llamé a un técnico. Al mediodía regresé con él.
Daniel y Teresa estaban en la cocina cuando comenzó a instalar una cerradura con código en la alacena donde guardaría la comida de Sofía y mía.
—¿Qué circo es este? —preguntó Daniel.
Puse las escrituras sobre la mesa.
—Se acabó el sistema donde alguien que no aporta decide quién come y quién no.
Teresa se puso de pie.
—¿Vas a esconderle comida a la madre de tu esposo?