—Porque quinientos trabajadores no tienen por qué pagar por lo que él te hizo.
Abrió la carpeta.
Allí estaban los documentos de Mauricio: autos rentados, fotografías de proyectos ajenos, deudas millonarias, créditos vencidos y propiedades que nunca habían sido suyas.
Mientras tanto, en Puebla, Mauricio se atribuía públicamente el rescate de la fábrica y preparaba su propuesta de matrimonio a Fernanda.
Pero Gael tenía otra carpeta.
Cuando intenté abrirla, puso una mano encima.
—Ésta es sobre tu madre.
—Quítala.
—Daniela, lo que encontramos cambia quién es realmente dueño de la fábrica.
Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
Entonces doña Amalia apareció con una vieja caja metálica.
—Y antes de que leas esos documentos —dijo—, debes saber que llevo catorce años guardando una carta que tu madre escribió para ti.
Aquella noche descubrí que mi expulsión de casa no había empezado por Mauricio.
Había comenzado el día en que murió mi madre.
Y lo que Lorena había ocultado durante catorce años estaba a punto de destruir toda la versión de mi familia.
PARTE 3
Abrí la caja con las manos temblando.
Dentro había tres hojas amarillentas escritas con la letra de mi madre.
Reconocí inmediatamente aquella inclinación de las letras porque todavía conservaba algunas recetas suyas.
Doña Amalia se sentó.
—Tu mamá me entregó una copia poco antes de morir. El original quedó con su abogado. Yo debía darle esta carta a tu padre.
—¿Y por qué nunca lo hizo?
La anciana bajó los ojos.
—Fui a tu casa. Lorena me dijo que Sergio estaba en el hospital y que ella se la entregaría. Una semana después encontré las hojas devueltas en mi buzón, sin el sobre. Tuve miedo. Después vi cómo empezaban a apartarte de la fábrica y entendí que había cometido un error.
Leí.
Mi madre hablaba de su enfermedad, de la fábrica y de movimientos financieros que le preocupaban. Le pedía a mi padre que investigara empresas intermediarias vinculadas con Lorena.
Y había una frase dirigida a mí:
“Si algún día alguien intenta convencerte de que eres una extraña en esta empresa, recuerda que comenzó con las manos de tu bisabuela. Tu lugar no desaparece porque otra persona decida negarlo”.