La cámara mostró a mi suegra levantándose de la cama, haciendo sentadillas y riéndose por teléfono: “La nuera está agotada, pero es joven, aguantará”. Guardé cada video en la nube y no la enfrenté todavía. Quería saber quién más estaba detrás de aquella farsa, así que coloqué otra cámara frente a nuestra cama… y el jueves al mediodía apareció la persona que menos quería ver.

Después de casi dos meses bañándola, alimentándola con cuchara y despertándose cada noche para atender sus falsos gemidos, acababa de descubrir que su suegra podía caminar perfectamente.

Pero todavía no sabía lo peor.

Porque aquella mentira no había empezado con Teresa.

Y el verdadero motivo por el que estaba fingiendo era mucho más cruel de lo que Mariana habría podido imaginar.

PARTE 2

Durante los siguientes tres días, Mariana no dijo una palabra.

Sonreía.

Preparaba el desayuno.

Cambiaba a Teresa.

Le daba sus medicamentos.

Y después se iba a trabajar como si nada hubiera ocurrido.

Mientras tanto, las cámaras seguían grabando.

Apenas la puerta del departamento se cerraba, ocurría el milagro.

Teresa se levantaba.

Caminaba hasta la cocina.

Preparaba huevos con chile y tortillas, servía café, encendía la televisión y se sentaba cómodamente en el sofá.

Una mañana Mariana la vio hacer ejercicios frente al espejo.

Otra tarde encontró un video donde su suegra bailaba mientras escuchaba música.

Pero la grabación que cambió todo ocurrió el viernes.

Teresa estaba hablando por teléfono en la cocina.

—Sí, aquí sigo —decía riéndose—. Mariana hace absolutamente todo. Hasta me baña.

La persona al otro lado respondió algo.

Teresa soltó una carcajada.

—Pobrecita, ya parece fantasma. Pero Rodrigo dice que aguante un poco más. Según él, necesitamos cansarla hasta que ella misma quiera irse.

Mariana detuvo el video.

Rodrigo.

Volvió a escucharlo.

Quizá Teresa hablaba de otra cosa.

Quizá había entendido mal.

Entonces continuó.

—Mi hijo dice que cuando ella ya no soporte, será más fácil convencerla de vender el departamento. Después él arreglará lo demás.

Mariana sintió que le faltaba aire.

Ese departamento lo había comprado principalmente con sus ahorros antes de casarse. Meses después, enamorada y convencida de que formarían una familia para siempre, había permitido que Rodrigo apareciera también como copropietario.

Él prácticamente no había aportado dinero.

Ella nunca pensó que eso pudiera convertirse en un problema.

Esa noche observó a su marido durante la cena.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó él.

—Normal.

—Te ves cansada.

Mariana casi se rio.

—Un poco.

Rodrigo siguió comiendo como si nada.

Por primera vez Mariana se preguntó cuántas veces aquel hombre le había mentido mirándola directamente a los ojos.

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