Parte 2 Un niño sin hogar se paraba todos…

El silencio fue absoluto.

Los socios miraron a Ricardo. Los periodistas olieron historia. Isabella no podía apartar la vista.

Mateo continuó:

—Una pareja de Monterrey me adoptó poco después. Me dieron apellido, escuela y amor. Yo puse lo demás. Pero nunca olvidé quién me enseñó que la dignidad puede caber en media torta compartida entre barrotes.

Don Ricardo intentó recomponerse.

—Bueno… qué conmovedor. Si pasamos al tema de negocios…

—Claro —dijo Mateo.

Sacó una carpeta del asistente.

—Grupo Cruz Altamira comprará el sesenta por ciento de la deuda de Montes Holdings y refinanciará sus operaciones… con una condición.

Ricardo tensó la mandíbula.

—¿Cuál?

Mateo no miró a él.

Miró a Isabella.

—Que Isabella Montes quede al frente de la nueva fundación social y del consejo de transformación humana de la empresa. Presupuesto independiente. Decisión autónoma. Firma plena.

Algunos invitados soltaron murmullos.

Ricardo enrojeció.

—Eso es absurdo. Mi hija no decide por encima de mí.

Mateo sostuvo la mirada.

—Entonces no hay trato.

La frase cayó como una puerta cerrándose.

Ricardo calculó, respiró, tragó orgullo. Sabía que estaba arrinconado.

Isabella habló antes que él.

—No quiero que me regalen nada.

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