El Secreto del Convento

Fonseca revisó las etiquetas.

Uno era un hombre de sesenta años.

Otro, una mujer.

El tercero…

Fonseca se quedó quieto.

La etiqueta decía:

MARÍA INÉS DE LA CRUZ
EDAD: 29 AÑOS
PROCEDENCIA: CONVENTO DE SANTA CLARA

Camilo abrió los ojos.

—Pero…

—Sí.

—Ella está aquí.

Ambos miraron hacia la camilla.

El cadáver de la monja seguía allí.

Fonseca volvió a mirar la etiqueta.

—Entonces tenemos dos.

Camilo tragó saliva.

—¿Dos qué?

Fonseca levantó lentamente la sábana del cadáver almacenado.

El rostro era idéntico.

La misma nariz.

Los mismos labios.

La misma pequeña cicatriz sobre la ceja.

La misma monja.

Pero había algo diferente.

El cadáver dentro de la cámara tenía los ojos abiertos.

Y entre sus dientes había un pequeño papel doblado.

Fonseca lo tomó.

Lo abrió.

Solo había una frase:

“NO CONFÍES EN LA MADRE SUPERIORA.”

Camilo dio un paso atrás.

—Tenemos que llamar a la policía.

Fonseca estuvo a punto de responder.

Entonces el teléfono de la morgue comenzó a sonar.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Fonseca levantó el auricular.

—Morgue Central.

Al otro lado nadie habló.

Solo se escuchaba una respiración lenta.

—¿Quién habla?

Silencio.

Entonces una voz de mujer susurró:

—Doctor Fonseca…

Fonseca se quedó helado.

Conocía esa voz.

Era la voz de la monja que estaba sobre la camilla.

—¿Quién es?

La respuesta llegó apenas audible.

—No mire debajo de la segunda camilla.

Fonseca levantó la vista.

Camilo estaba junto a la primera.

Había otra camilla al fondo de la habitación.

Vacía.

O eso habían pensado.

Fonseca hizo un gesto para que Camilo no se moviera.

—¿Quién eres?

La voz respondió:

—Soy la mujer que usted está a punto de matar.

La línea se cortó.

Durante varios segundos, ninguno habló.

Entonces Camilo señaló lentamente hacia el suelo.

—Doctor…

Algo estaba goteando debajo de la segunda camilla.

Una gota.

—Doctor Fonseca…

Fonseca se quedó helado.

Conocía esa voz.

Era la voz de la monja que estaba sobre la camilla.

—¿Quién es?

La respuesta llegó apenas audible.

—No mire debajo de la segunda camilla.

Fonseca levantó la vista.

Camilo estaba junto a la primera.

Había otra camilla al fondo de la habitación.

Vacía.

O eso habían pensado.

Fonseca hizo un gesto para que Camilo no se moviera.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *