Tres días antes del viaje, ella había decidido enfrentarlo.
No había llegado con acusaciones impulsivas. Había llevado información.
—Sé que estás moviendo dinero y sé que mi agencia está relacionada con tus problemas.
Sergio no respondió con enojo. Esa fue una de las cosas que más tarde Mariana recordaría.
Él la abrazó.
Le dijo que la desconfianza estaba destruyendo su matrimonio. Le propuso alejarse unos días, hablar sin interrupciones y recuperar la confianza.
Mariana aceptó porque todavía buscaba una explicación distinta.
Ahora comprendía que aquel viaje no había sido una oportunidad para arreglar nada.
Había sido una preparación.
El puente aislado sobre el río no había sido elegido por casualidad.
Mientras ella permanecía escondida en la casa de don Eusebio, las noticias comenzaron a mostrar la versión de Sergio. Según él, habían discutido durante el viaje, Mariana había salido corriendo y él había intentado seguirla.
Incluso apareció un supuesto testigo llamado Chuy, quien aseguró haber visto a Mariana dirigirse sola hacia el puente.
La historia estaba construida para parecer una tragedia.
Pero Mariana sabía que era una mentira.
Don Eusebio entendió algo antes que muchas personas: si Sergio creía que Mariana estaba muerta, todavía tenía ventaja. Si descubría que ella había sobrevivido, tendría tiempo para cambiar su estrategia.