PARTE 1
—La niña se va con Mariana. Yo no pienso cargar con una hija que nunca quise. Tú nada más ten listas tus cosas, Camila. En cuanto ella salga del departamento, te vienes conmigo.
Mariana sintió que las tijeras de podar se le resbalaban de los dedos.
Estaba en el pequeño cuarto que había convertido en invernadero, rodeada de orquídeas, monsteras y anturios. Llevaba puestos los audífonos, pero la música se había detenido justo cuando Rodrigo entró al departamento. Él creyó que su esposa no podía escucharlo y contestó el teléfono sin bajar la voz.
—Mañana se lo digo —continuó—. Ya metí lo del divorcio. El departamento está a nombre de mi mamá, así que no puede reclamarlo. Le doy unas semanas para largarse y asunto arreglado.
Mariana cerró los ojos.
No lloró.
Quizá porque llevaba cuatro años llorando por dentro.