5. Vi a mi suegra cerrar la ventilación de mi bodega y abrir el gas, pero no la enfrenté. A la mañana siguiente, mi esposo preguntó: “¿Ya sacaste el vino que te pedí?”. Le dije tranquilamente que estaba cansada y le puse la llave en la mano. Después de la explosión, mi suegra corrió llorando hacia los policías… hasta que me vio aparecer y soltó una frase aterradora.

PARTE 1

«Mañana tu nuera va a morir ahí abajo, y todos creerán que fue un accidente», susurró mi suegra frente a la cámara de seguridad de mi bodega.

No podía escucharla: el video no tenía audio. Pero vi sus labios moverse mientras tapaba la ventilación con espuma de construcción, y después descubrí que aquella frase era casi idéntica a la que había escrito en un mensaje. Lo que sí vi con absoluta claridad fue cómo Beatriz, la mujer que rezaba el rosario cada noche, manipulaba una instalación de gas del sótano y salía mirando a ambos lados.

Me llamo Mariana Salcedo, tengo treinta y ocho años y soy dueña de una vinícola en el Valle de Guadalupe, Baja California. Mi padre me dejó unas cuantas hectáreas y muchas deudas. Yo convertí aquel terreno en un negocio respetado, trabajando entre vendimias, barricas y compradores durante casi quince años. Mi esposo, Alejandro, llegó después. Cuando lo conocí vendía equipos para restaurantes. Le di un puesto comercial, contactos y una participación pequeña en la empresa. Siete años después, todos lo llamaban «el señor director».

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