PARTE 2: LOS DIEZ MINUTOS DE DANTE – boughtat

Durante varios segundos contemplé el último mensaje de Dante.

Diez minutos.

Ocho años de amor, tres años de silencio y un hijo que había aprendido a decir «papá» mirando fotografías de otros niños con sus padres.

¿De verdad creía que diez minutos podían arreglarlo?

—Elena —murmuró Mia desde el asiento delantero—. ¿Qué vas a hacer?

Miré a Leo, que dormía abrazado a su dinosaurio.

—Voy a escucharlo.

Mia se volvió sorprendida.

—¿Estás segura?

—No voy a llevar a Leo. Y será en un lugar público.

Una hora después entré en una cafetería del centro de Chicago.

Dante ya estaba allí.

Por primera vez desde que lo conocía, parecía un hombre que no había dormido en días.

Se levantó inmediatamente.

—Elena…

—Tienes diez minutos.

Su mirada descendió hacia mis manos.

—¿Leo está bien?

—Está perfectamente.

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