…eso no puede ser.
Fonseca se quedó inmóvil, con las tijeras aún en la mano. Miró el reloj en la pared. Eran las 11:47 de la noche.
—¿Qué hacemos, doctor? —preguntó Camilo, con la voz apenas audible.
Fonseca cerró los ojos. Quince años en esta morgue. Había visto de todo. Cuerpos mutilados. Accidentes terribles. Crímenes sin resolver. Pero esto… esto era diferente.
—Vamos a esperar —dijo finalmente.