—Si esperamos hasta mañana…
—No podemos.
—Sin el protocolo farmacológico completo, el postoperatorio será brutal.
—Lo sé.
Daniel me miró.
—¿Sigues queriendo hacerlo?
Cerré la tableta.
—Sí.
Mientras nosotros volábamos, Vanessa Cole terminaba otro vuelo.
Al bajar del avión encendió el teléfono.
Tenía cientos de notificaciones.
Al principio sonrió.
Creyó que su video se había vuelto viral.
Tenía razón.
Solo que no de la manera que esperaba.
Su propio rostro aparecía en todas partes.
“Azafata humilla a reconocida cirujana.”
“Aerolínea expulsa a médica que viajaba para salvar al pasajero VIP.”
“Medicamento único destruido durante incidente de sobreventa.”
Vanessa sintió que las piernas le fallaban.
Buscó mi nombre.
Lo encontró.
Doctora Amelia Hart.
Especialista en cirugía cardiovascular compleja.
Consultora internacional.
Autora de técnicas quirúrgicas citadas en decenas de publicaciones.
Y debajo apareció algo peor.
“Hart era la cirujana que debía operar a Ethan Walsh esa misma noche.”
Vanessa dejó caer el teléfono.
—No…
Un supervisor se acercó.
—Vanessa Cole.
Ella se volvió.
—¿Sí?
—Entrégueme su identificación de tripulación.
—¿Por qué?
—Está suspendida con efecto inmediato.
—¡Pero yo seguí el procedimiento!
—No.
El supervisor la miró fríamente.
—Y tenemos las grabaciones.
Aterrizamos en Nueva York pasada la medianoche.
Claire nos esperaba.
No Marcus.
Buena señal.
—Ethan tuvo dos episodios de arritmia —dijo mientras caminábamos—. Los controlaron, pero el doctor Brooks quiere entrar a quirófano inmediatamente.
—Entonces no perdamos tiempo.
Cuando entré al Saint Catherine, el pasillo estaba lleno.
Cirujanos.
Enfermeras.
Administradores.
Seguridad.
Y al fondo estaba Richard Walsh.
El hombre cuya fortuna superaba los diez mil millones de dólares.
Había aparecido en portadas de revistas.
Esa noche parecía simplemente un padre aterrorizado.
Caminó hacia mí.
Pensé que intentaría hablar.
En lugar de eso hizo algo inesperado.
Inclinó la cabeza.
—Doctora Hart. Mi familia le debe una disculpa.
—Después.
—Por supuesto.
—Ahora necesito acceso completo a los últimos estudios de Ethan.
—Tendrá todo.
—Y nadie entra al quirófano sin autorización médica.
—Entendido.
Marcus apareció varios metros detrás.
Al verme, abrió la boca.
Richard se volvió hacia él.
—Ni una palabra.
Marcus calló.
Era la primera vez que lo veía obedecer tan rápido.
Entré a la habitación de Ethan veinte minutos después.