Rodrigo dejó de sonreír.
—¿Qué haces aquí?
Renata retrocedió medio paso.
Después levantó la cabeza.
—Lo que tú nunca hiciste.
Rodrigo apretó los dientes.
—Súbete al coche.
—Voy a decir la verdad.
Esteban intentó dirigirse hacia las escaleras.
No llegó.
2 agentes lo interceptaron.
A Rodrigo le colocaron las esposas frente a su propia hija.
Esa noche obtuve la custodia provisional exclusiva de Valeria.
Pensé que habíamos llegado al punto más importante.
Me equivocaba.
A la mañana siguiente, un fiscal me mostró fotografías de la camioneta de Rodrigo.
Habían encontrado rastros de sangre de Valeria.
Pero también había otro perfil genético debajo de una cubierta del área de carga.
—No pertenece a su hija —me dijo.
No tuve que preguntar.
El fiscal colocó una fotografía sobre la mesa.
Un muchacho de 14 años.
Emiliano Rivas.
—Coincide con la muestra genética de su expediente de desaparición.
Renata comenzó a llorar.
Yo miré aquella fotografía durante varios segundos.
Mi hija había sobrevivido.
Emiliano quizá no.
Y por primera vez entendí que yo no estaba solamente tratando de proteger a Valeria.
Habíamos abierto una puerta que aquella familia llevaba años manteniendo cerrada.
Esa noche Valeria despertó cerca de las 4:00.
Yo estaba sentado junto a su cama.
—Papá.
—Aquí estoy.
—¿Se llevaron a mis tíos?
—Sí.
—¿Y mamá?
Aquella pregunta me dolió más que cualquier amenaza.
—Está hablando con los investigadores.
Valeria miró hacia la ventana.
—¿Por qué no bajó?
No había respuesta capaz de hacer que una niña de 9 años entendiera aquello.
—Tu mamá tomó una decisión muy cobarde.
—¿Ya no me quiere?
Tomé con cuidado su mano.
—No sé qué siente tu mamá.
Valeria me observó.
—Pero puedo decirte algo.
Esperó.
—Querer a una persona no sirve de mucho si cuando esa persona pide ayuda tú decides darle la espalda.
Valeria permaneció callada.
Después miró nuevamente la ventana.
—Papá.
—Dime.
—¿Podemos dejar abierta la cortina?
Me levanté.
La abrí por completo.
La primera luz de la mañana entró en la habitación.
—Siempre que tú quieras.
Durante las semanas siguientes comenzaron a caer piezas que habían permanecido intactas durante décadas.