“Mi Tía Plantó una Joya Robada en el Bolso de Mi Mamá… Pero No Sabía que Yo Estaba Despierta y Grabando Todo”

—Mi tía Leticia Ríos acaba de plantar una pulsera de oro con esmeraldas en el bolso de mi madre. Esa pulsera fue robada anoche de la joyería Diamante Azul en Plaza Altavista. Tengo video de mi tía colocando la pieza. Tengo audio de ella hablando con mi padre, Óscar Mendoza, quien es cómplice. Y en menos de media hora, mi madre va a llegar a casa sin saber que lleva evidencia de un crimen en su bolso.
Silencio.
Luego:
—¿Tiene las pruebas en su celular?
—Sí. Video, audio y capturas de la nota del periódico.
—Voy a transferirla con un oficial de la unidad de delitos patrimoniales. No cuelgue.
Daniela esperó.
Con el corazón golpeándole las costillas.
Con las manos sudando.
Con el reloj marcando las 3:34.
Un hombre contestó.
—Oficial Herrera. ¿Usted es la señorita Ríos?
—Sí.
—Escúcheme bien. No toque la pulsera. No mueva el bolso. No borre nada de su teléfono. ¿Entendido?
—Entendido.
—Voy a enviar una unidad encubierta. Van a estacionarse frente a su edificio. Cuando la situación se desarrolle, usted va a abrir la puerta y nos va a dejar entrar. ¿Puede hacer eso?
—Sí.
—¿Hay alguien más en el departamento?
—No. Solo yo.
—¿Está segura de que no corre peligro?
Daniela miró la puerta de su habitación.
Pensó en Leticia.
Pensó en Óscar.
Pensó en su madre, que en ese momento probablemente estaba subiendo al coche de su ex esposo, sonriéndole, creyendo que él quería reconciliarse.
—Estoy segura —dijo.
Colgó.
Eran las 3:37.

PARTE 3

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