Sus ojos se abrieron de par en par.
Él vio cómo el miedo se intensificaba.
¿Cómo sabe mi nombre?
“¿Cómo lo supiste…?”
“Rasgué el número. Cuando recibí tu mensaje, lo rastreé. Sé que suena…”
Se detuvo…⬇️⬇️
Una larga pausa.
—Trajiste la fórmula —dijo ella.
—Sí.
Otra pausa. Luego, el sonido de la cadena al soltarse.
El apartamento de Clara era pequeño, como suelen ser los estudios cuando también se hace las veces de hogar: intentar albergar una vida que superaba con creces la capacidad del espacio. Una cuna en una esquina. Un sofá cama que claramente era su cama. Una encimera de cocina con el bote de fórmula vacío aún encima.
Estaba de pie en medio del apartamento, con Lily en brazos, mirando al hombre en la puerta con la expresión de alguien que intenta asimilar algo que no encaja en ninguna categoría.