Lara cerró los ojos.
Luego me abrazó.
Me abrazó con tanta fuerza que al principio no supe qué hacer con los brazos.
—Es el vestido de la fotografía —sollozó—. Es exactamente el
mismo.
Me separé un poco para mirarla.
—¿Qué fotografía?
Lara se volvió hacia sus padres.
Su madre, que estaba sentada en la primera fila, se había levantado. Su rostro también estaba cubierto de lágrimas.
Su padre permanecía junto al altar, sosteniendo el ramo que su hija había dejado.
Y entonces Lara dijo algo que cambió por completo aquella boda.
—Teresa, hace muchos años, cuando yo era una niña, mi madre me contó la historia de una mujer que salvó nuestra familia.
Sentí un escalofrío.
—No entiendo, hija.
Lara apretó mis
manos.
—Mi madre tuvo una hermana menor. Se llamaba Isabel.