Pero tampoco sabía si
estaba preparado para escuchar una explicación de Ray.
Guardé la carta en el cajón de la cocina y llamé a Diane.
Contestó después del segundo tono.
—Hola, cariño. ¿Todo bien?
—Tía Diane, ha llegado una invitación de boda.
Hubo una pausa.
—¿De quién?
—De Megan. La hija de Ray.
El silencio al otro lado fue diferente.
—¿Y qué más había en el sobre?
Me sorprendió la pregunta.
—Una carta escrita por ella. Dice que encontró algo en el escritorio de mi padre.
Diane respiró profundamente.
—Thomas, creo que ha llegado el momento de que conozcas una parte de la historia que nunca quise contarte.
Sentí que se me tensaba el cuerpo.
—¿Qué historia?
—Tu padre no simplemente firmó los documentos de custodia porque no quisiera verte. Hubo algo más.
—¿Qué estás diciendo?
—Cuando te encontré en aquella gasolinera, estabas deshidratado, asustado y llevabas horas caminando. La trabajadora social me preguntó si tu padre había hecho aquello antes. Le dije que no lo sabía. Pero unos días después descubrí que Ray había estado intentando conseguir que firmaras unos documentos.