—Yo no firmé esa frase —dije.
—Es su firma —respondió Vanessa.
Owen se inclinó.
—¿Qué fecha tiene?
Elena la leyó en voz alta. Era un martes de marzo del año en que los gemelos tenían ocho. Yo cerré los ojos y vi el calendario de la cocina, el que todavía guardaba en un cajón porque en el reverso había un dibujo de Eli.
—Ese martes Eli tuvo fiebre —dije—. Pasé la noche en la clínica del barrio. Owen se quedó con la vecina del segundo. No estuve en ningún despacho. No firmé nada. Daniel ya no vivía con nosotros.
Daniel palideció.
—Yo tampoco estuve en la ciudad ese mes. Viajé por la empresa. No recuerdo un documento así.
—La memoria de un hombre ocupado es un colador —dijo Vanessa—. La firma permanece.
Elena no discutió la forma de la letra.
—Una firma parecida no convierte a dos estudiantes en empleados de una empresa que no los contrató. Y una frase sobre frutos futuros, escrita cuando estos muchachos tenían ocho años y