Pero él apenas la escuchaba.
Observaba a los gemelos como si acabara de descubrir que había
perdido algo imposible de recuperar.
—Han crecido muchísimo.
Eli lo miró sin sonreír.
—Trece años es bastante tiempo.
Daniel bajó la cabeza.
—Yo…
—No necesitas explicarnos nada —interrumpió Owen—. Vinimos a competir, no a buscarte.
Sentí una mezcla de orgullo y tristeza.
Mis hijos habían aprendido a defenderse sin necesidad de humillar a nadie.
Daniel intentó acercarse.
—Quizá podríamos cenar juntos. Conocernos mejor.
Eli miró su trofeo.
—Tenemos una cena con nuestro equipo.
—Podemos hacerlo otro día —insistió Daniel.
Owen respondió tranquilamente:
—Eso mismo dijiste cuando cumplimos cinco años.
Daniel se quedó sin palabras.
Entonces Vanessa intervino.
—Bueno, tampoco es justo culparlo por todo. Daniel ha tenido muchas responsabilidades.
Me volví hacia ella.
—También tenía dos hijos.
Vanessa abrió la boca, pero Mason habló antes.