Mason estaba donde dijo. Tenía el abrigo de Daniel, demasiado grande, y una carpeta azul contra el pecho. Subió al coche de Elena, no al de Daniel. Fue un gesto pequeño y claro. Quería testigos antes que abrazos.
En el apartamento sobre la tintorería encendí la lámpara coja. La luz desigual cayó sobre la mesa donde yo solía coser. Elena se puso guantes de los que usaba para no marcar papeles viejos y abrió la carpeta.
Adentro estaba la hoja que Vanessa había mostrado, pero no estaba sola. Había páginas del mismo borde amarillo. Había una copia de mi firma en un formulario del divorcio, recortada y guardada como modelo. Había una hoja casi en blanco con una firma al pie, aislada, y notas al margen con la letra de Vanessa:
ampliar asuntos, incluir formación, no mostrar a Daniel. Había también el acuerdo con el inversionista y una lista de datos escolares.