Lo que no sabía era que, debajo de mis suéteres, llevaba una carpeta que había preparado en secreto durante seis años.
Y si alguien descubría lo que contenía, los ochenta millones que acababa de perder serían el menor de sus problemas.
PARTE 2
El hotel donde pasé aquella primera noche estaba cerca de la Central Nueva de Guadalajara.
La habitación costaba seiscientos cincuenta pesos. Tenía una cama estrecha, una ventana que daba a un estacionamiento y un ventilador que hacía ruido cada vez que giraba.
Dejé la maleta sobre la cama.
Después saqué la carpeta.
Contenía copias de facturas, estados de cuenta, contratos con empresas fantasma y registros de transferencias que Héctor creía perfectamente ocultos.
Durante seis años había reunido aquella información.
Todo comenzó cuando descubrí que varias constructoras contratadas por su empresa cobraban trabajos que nunca realizaban.