Después de cinco años bañando a mi esposo paralítico, lo escuché reírse y decir que yo era “una enfermera gratis”. Ese día no grité… ese día empecé a quitarle todo sin que se diera cuenta.

mi dinero,

mi trabajo sin descanso,

mi silencio,

mi miedo,

mi vida.

Y cuando terminé, lo único que quedó en sus manos fue lo que siempre había sido suyo: Anatomía

su cuerpo,

su hijo,

sus decisiones,

y la soledad exacta que construyó riéndose de la mujer que lo sostenía.

er en la boca a Esteban.

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