mi dinero,
mi trabajo sin descanso,
mi silencio,
mi miedo,
mi vida.
Y cuando terminé, lo único que quedó en sus manos fue lo que siempre había sido suyo: Anatomía
su cuerpo,
su hijo,
sus decisiones,
y la soledad exacta que construyó riéndose de la mujer que lo sostenía.
er en la boca a Esteban.