PARTE 2
Daniel sostuvo aquella pulsera con las manos temblorosas. El número terminaba en 84, exactamente igual que el mío. Pero debajo de nuestro apellido había una anotación escrita a mano: “Traslado autorizado”.
—¿Autorizado por quién? —preguntó Daniel.
La supervisora cerró rápidamente la carpeta. —Necesitamos revisar los registros.
—¡Quiero saber dónde estuvo mi hija durante tres horas! —grité.
X
La enfermera que había traído la cuna comenzó a llorar.
—Yo no sabía que iban a intercambiar a las bebés.
—¡Patricia, cállate! —ordenó la supervisora.
Sentí que me faltaba el aire. —¿Intercambiar? ¿De qué está hablando?
Patricia respiró profundamente.
—El doctor Salazar ordenó llevar a su hija a una sala privada. Dijo que necesitaba observación especial por su albinismo, pero la niña estaba perfectamente estable.
Miré a la pequeña de cabello blanco. Sus pestañas eran idénticas a las mías.
—¿Puedo cargarla?