El dictamen de la justicia

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—Elena… cariño, esto tiene que ser una broma —balbuceó David, tratando de tocar mi mano mientras los agentes estatales se posicionaban a sus espaldas—. ¿Por qué no me dijiste que eras jueza? Podemos hablar de esto en privado, somos una familia.

—Dejamos de ser una familia en el momento en que permitiste que tu madre me tratara como a una sirvienta y planearon el robo de mis hijos —respondí, mostrando la orden judicial emitida directamente desde mi tableta personal.

Abrí la carpeta oficial que el Capitán Gómez me había entregado, revelando el expediente completo de la investigación financiera que mi tribunal llevaba sobre las empresas de la familia Sterling. Durante tres años había mantenido mi perfil bajo no solo por modestia, sino para auditar en secreto las transacciones sospechosas que salían de las cuentas de mi suegro.

El documento probaba que la firma de arquitectura de David sobrevivía únicamente gracias al lavado de dinero y a la evasión fiscal sistemática organizada por su madre. Las pruebas eran aplastantes, y la agresión sufrida en la suite médica no hacía más que acelerar la ejecución de las órdenes de cateo e incautación.

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