El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

La pantalla roja.

Ricardo cerrando el portátil de golpe.

—A las 16:44 —dijo Elena—, el sistema identificó al director Rivas. El inspector Cruz suprimió la alerta. Ordenó borrar el aviso. Esa acción quedó registrada en servidores federales.

Ricardo apretó los ojos.

Elena abrió una hoja con nombres.

—Ahora, el patrón.

En pantalla aparecieron veintitrés expedientes.

Tomás Medina.

María Santos.

Luis Herrera.

Jaime Murillo.

Y otros diecinueve.

—Denuncias archivadas. Vídeos ocultos. Informes falsos. Pruebas manipuladas. Lesiones injustificadas. Familias destruidas.

El fiscal Montes habló con voz más baja.

—Las cifras importan. Pero las cifras no lloran. Las personas sí.

La puerta se abrió.

Entraron cuatro víctimas.

Tomás Medina, antiguo contable.

María Santos, madre de dos niños.

Luis Herrera, trabajador de obra.

Jaime Murillo, veterano con una medalla prendida en la chaqueta.

Sergio reconoció a Tomás de inmediato.

Tomás se puso frente a él.

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