El Secreto del Convento

Fonseca levantó la vista.

Camilo estaba junto a la primera.

Había otra camilla al fondo de la habitación.

Vacía.

O eso habían pensado.

Fonseca hizo un gesto para que Camilo no se moviera.

—¿Quién eres?

La voz respondió:

—Soy la mujer que usted está a punto de matar.

La línea se cortó.

Durante varios segundos, ninguno habló.

Entonces Camilo señaló lentamente hacia el suelo.

—Doctor…

Algo estaba goteando debajo de la segunda camilla.

Una gota.

Luego otra.

Roja.

Fonseca se acercó.

Se agachó.

Luego otra.

Roja.

Fonseca se acercó.

Se agachó.

Y vio una mano.

Una mano pequeña, pálida, extendiéndose desde debajo de la camilla.

Camilo gritó.

Fonseca tiró de la camilla hacia atrás.

Y entonces ambos vieron el cuerpo escondido debajo.

Era otra monja.

Pero esta todavía respiraba.

Tenía los ojos abiertos.

Y antes de desmayarse, agarró la bata de Fonseca con una fuerza inesperada.

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