El Secreto del Convento

Camilo se quedó inmóvil.

Durante unos segundos, ninguno de los dos hombres fue capaz de apartar la mirada de aquellas palabras.

NO REALICE LA AUTOPSIA.
ESPERE DOS HORAS.
LO QUE NECESITA ESTÁ EN EL BOLSILLO DE MI HÁBITO.

Fonseca respiró profundamente.

—Cierra la puerta.

—¿Qué?

—La puerta, Camilo.

El joven obedeció.

El ruido metálico del cerrojo pareció demasiado fuerte dentro de la morgue.

Fonseca volvió a mirar el cuerpo.

—¿Quién trajo a la monja?

—Dos hombres del convento. Dijeron que la encontraron en su habitación.

—¿Nombres?

Camilo negó con la cabeza.

—No pregunté.

Fonseca lo miró con dureza.

—Entonces empieza a preguntar.

Se acercó nuevamente a la camilla.

La mujer parecía tener unos veintitantos años. No presentaba heridas visibles. No había sangre. No había señales de violencia.

Pero aquellas palabras…

No estaban escritas sobre la piel.

Parecía que habían aparecido desde dentro.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *